La Virgen que venció al terremoto: una historia de fe que también late en La Rioja
Cada 24 de septiembre, miles de fieles en todo el país se detienen a recordar a la Virgen de la Merced. Y este año la efeméride trae consigo una historia que muchos en Chilecito y la región conocen de memoria, aunque nunca deja de emocionar: la de una imagen que, hace 165 años, fue lo único que quedó en pie cuando un terremoto destruyó por completo la ciudad de Mendoza.
Era el 20 de marzo de 1861. El movimiento tectónico arrasó templos, viviendas y edificios enteros. Miles de personas perdieron la vida. Pero en medio de la devastación, la figura de la Virgen de la Merced se mantuvo erguida sobre una columna, en el predio donde hoy se levanta el templo mercedario de la Ciudad de Mendoza. Fue lo único que permaneció intacto de aquella iglesia. Desde entonces, la imagen fue conocida como la Virgen del Terremoto.
La historia no es solo una leyenda. Durante una restauración de la imagen se encontró documentación datada en 1800 entre sus vestiduras, lo que confirmó que la figura que hoy se conserva en el altar mayor del templo, construido en 1909, es la misma que atravesó aquel desastre. Lleva casi 200 años en ese altar y nunca lo abandonó.
Pero el terremoto también dejó otra huella de fe. Once días después de la catástrofe, vecinos de la zona que hoy es el departamento de Maipú fundaron una nueva villa entre los escombros. Una imagen de la Virgen de la Merced llegó hasta allí, y los pobladores comenzaron a verla como la primera habitante del nuevo pueblo que renacía. Con el tiempo, esa figura se convirtió en parte del alma de Maipú: en 1954, el Concejo Deliberante la declaró oficialmente Patrona de la Ciudad y el Departamento, y en 1961, al cumplirse el primer centenario de la fundación, fue coronada como primera pobladora, fundadora y patrona.
En Chilecito, la devoción a la Virgen de la Merced también tiene raíces profundas. La celebración del 24 de septiembre es, para muchos vecinos, una fecha de oración, de familia y de tradición compartida de generación en generación.
Esta historia que nació entre escombros mendocinos habla, en el fondo, de algo que los riojanos conocen bien: la fe como sostén en los momentos más difíciles. Una imagen que no cayó, un pueblo que se levantó. Una fecha que, año tras año, invita a recordarlo.
