El 2 de noviembre, el día en que las familias de nuestra región salen a visitar a sus difuntos, el cementerio capitalino El Salvador recibió una multitud. Flores, velas, rezos y música marcaron una jornada cargada de emoción y recogimiento, como ocurre cada año en esta fecha tan sentida para los riojanos.
La escena se repitió en cada rincón del camposanto: familias enteras llegaron desde temprano para limpiar tumbas, renovar adornos y compartir un momento junto a quienes ya no están. El ambiente fue de profundo respeto, acompañado por celebraciones religiosas y música que le dieron un marco especial a la conmemoración.
Uno de los momentos que más llamó la atención fue la muestra de placas metálicas recuperadas por los propios trabajadores del lugar. Muchas de esas piezas habían sido robadas de las tumbas, un hecho que lastima especialmente a las familias que cuidan esos espacios como un lugar sagrado. Según explicó el director del cementerio, Jorge Cáceres, en la mayoría de los casos los ladrones abandonan las placas cuando se sienten descubiertos o acorralados por el personal. Los empleados las recogen y las guardan con cuidado, esperando que sus dueños puedan recuperarlas.
Cáceres también destacó las mejoras que se realizaron en el predio desde el inicio de la gestión actual. Según contó, el lugar venía con signos de abandono y se trabajó para recuperarlo y acondicionarlo, especialmente de cara a fechas de alta concurrencia como esta.
Durante toda la jornada, el cementerio mantuvo sus puertas abiertas en horario extendido, de 7 a 20 horas, con accesos habilitados y misas programadas en distintos turnos para acompañar a las familias que llegaron a honrar a sus seres queridos.
Una fecha que en La Rioja se vive con mucha fuerza. Y que este año, entre el recogimiento y la emoción, también dejó un mensaje claro: hay quienes cuidan ese espacio de memoria, y hay quienes lo dañan. La diferencia la hacen las personas.
