La minería de yeso en La Rioja: desarrollo local, control ambiental y debate sobre el modelo productivo
La actividad minera no metalífera en Los Llanos riojanos vuelve a instalarse en la agenda productiva provincial. Las canteras Elvira y Rafaela, ubicadas en el departamento Juan Facundo Quiroga, muestran un esquema de explotación de yeso a pequeña escala que combina generación de empleo local, abastecimiento industrial y cumplimiento de requisitos ambientales, en un contexto donde la política minera sigue siendo objeto de discusión.
El emprendimiento, liderado por la ingeniera **Carolina Peñaloza**, se desarrolla en la estancia Los Coloraditos, en San Rafael, y actualmente produce alrededor de cuatro camiones diarios de yeso, cada uno con una carga de 30 toneladas. El material, con niveles de pureza de entre el 84% y el 93%, se destina principalmente a industrias de Córdoba y San Juan, vinculadas a la construcción, la producción de cemento y el mejoramiento de suelos.
Impacto económico y empleo local
Uno de los ejes que resalta el proyecto es la generación de empleo en una región históricamente postergada. Actualmente, ocho trabajadores integran la planta, en su mayoría provenientes de localidades cercanas como San Ramón y Portezuelo, bajo convenio colectivo minero.
Desde una perspectiva política, este tipo de iniciativas refuerza el discurso oficial sobre la diversificación productiva en el interior profundo de la provincia. La actividad no solo genera empleo directo, sino también movimiento económico indirecto en comercios y servicios de la zona.
Sin embargo, el volumen acotado del emprendimiento también abre interrogantes sobre su capacidad real de traccionar desarrollo estructural en Los Llanos, una región que arrastra limitaciones históricas en infraestructura y oportunidades laborales.
Control ambiental y licencia social
El aspecto ambiental es central en el debate minero riojano. En este caso, ambas canteras cuentan con aprobación de sus estudios de impacto ambiental por parte de la Secretaría de Ambiente provincial, con habilitaciones recientes durante 2026.
Según la empresa, se trata de una explotación de bajo impacto, ya que no utiliza agua en el proceso productivo y aplica sistemas de contención para residuos derivados de combustibles. Además, se prevén tareas de remediación del suelo una vez finalizada la explotación.
No obstante, el concepto de “bajo impacto” continúa siendo un punto sensible en la discusión pública. En una provincia donde la minería metalífera ha generado fuertes resistencias sociales, estos proyectos buscan posicionarse como una alternativa más aceptable, aunque no exenta de cuestionamientos.
Proyección y contexto político-productivo
El caso de estas canteras también se inscribe en una estrategia más amplia: potenciar la minería no metalífera como complemento de la matriz económica riojana. Según **Peñaloza**, la región posee potencial en recursos como laja, arcilla y yeso, lo que abre la puerta a nuevos desarrollos.
El proyecto, con antecedentes que se remontan a 1974 y una consolidación productiva desde 2021, logró sostenerse incluso tras la caída de la demanda en el sector de la construcción durante el contexto económico reciente. Actualmente, prevé incorporar nuevos trabajadores, lo que indicaría una etapa de estabilidad.
En términos políticos, la experiencia funciona como caso testigo para evaluar hasta qué punto la minería a pequeña escala puede convertirse en una política pública replicable. El desafío para el Estado provincial será garantizar controles efectivos, transparencia y beneficios concretos para las comunidades, en un escenario donde la minería sigue siendo tan prometedora como controvertida.