Un poncho de lana de vicuña, tejido en los telares de una familia de Belén, Catamarca, se convirtió en protagonista de uno de los momentos más emotivos del fútbol argentino: la despedida de Lionel Messi de la Selección. Quien lo lució fue Soledad Pastorutti, La Sole, en un gesto que puso de relieve el valor de las tradiciones artesanales del Noroeste.
Detrás de esa prenda está Rua Chaky, una familia de tejedores que lleva cuatro generaciones preservando un oficio que se transmite de manos en manos, de abuelos a nietos, con la misma fibra y el mismo cuidado de siempre. Trabajan principalmente con lana de vicuña, una de las fibras más finas y valoradas del mundo, y desde su taller en Belén sus creaciones viajaron mucho más lejos de lo que cualquier mapa local indicaría.
No es la primera vez que sus tejidos alcanzan una escena de resonancia. El papa Francisco y el defensor argentino Lisandro Martínez también poseen piezas elaboradas por esta familia catamarqueña. Artesanías que nacen en el silencio del trabajo manual y llegan, sin escalas, a figuras reconocidas a nivel mundial.
En Chilecito, donde la cultura andina y las tradiciones artesanales también forman parte del tejido cotidiano, historias como la de Rua Chaky generan una identificación especial. Muchos vecinos conocen de cerca el valor de estos oficios, la paciencia que requieren y el orgullo que despiertan cuando trascienden.
La aparición del poncho durante la despedida de Messi volvió a instalar una conversación que en el Noroeste argentino nunca se fue del todo: la de quiénes están detrás de cada prenda, qué manos la tejieron y qué historia porta cada hilo. En este caso, la respuesta llega desde Belén, y lleva cuatro generaciones de respaldo.
Un recordatorio, también para los chileciteños, de que la identidad cultural de nuestra región tiene nombre, familia y textura propia.
