Otro cierre textil en el país: trabajadoras sin empleo tras décadas en la fábrica
La noticia llega desde Villa Mercedes, San Luis, pero resuena en cada rincón del país donde la industria textil fue columna vertebral de familias trabajadoras. La planta de Industria Argentina de la Indumentaria S.A. cerró sus puertas y dejó sin trabajo a un grupo de empleadas, varias de ellas con más de 35 años de historia dentro de la empresa.
El cierre fue confirmado por Ariel Bea, secretario adjunto del Sindicato de Empleados Textiles de la Industria y Afines (SETIA). La compañía decidió concentrar toda su producción en su establecimiento de Santa Fe, poniendo fin a la actividad en la provincia puntana.
El caso se suma a una tendencia que los números vuelven imposible ignorar. Según datos de la Fundación Pro Tejer, entre diciembre de 2023 y junio de 2026 cerraron 1.042 empresas del sector textil, de indumentaria, cuero y calzado en todo el país, con una pérdida de 28.322 puestos de trabajo registrados.
El impacto en San Luis es aún más marcado en términos relativos. En el mismo período, la provincia perdió 415 empresas con personal registrado y 8.716 empleos formales, según relevamientos con base en datos oficiales. La industria manufacturera fue una de las más golpeadas, con una caída del 14,4% en la cantidad de trabajadores formales, solo superada por la construcción.
A escala nacional, el INDEC informó que en julio de 2026 la utilización de la capacidad instalada industrial se ubicó en 58,2%, prácticamente sin variación respecto al 58,4% registrado en julio del año anterior. Máquinas que siguen sin trabajar a pleno.
Desde el sector, las voces apuntan a un doble efecto: la caída del mercado interno y el avance de productos importados. Un contexto que, dicen los trabajadores y referentes gremiales, hace cada vez más difícil sostener la producción nacional.
En Chilecito, donde muchas familias conocen de cerca el peso de la economía regional y el esfuerzo de sostener una fuente de trabajo, noticias como esta no pasan desapercibidas. Cada fábrica que cierra en el país es una historia de vida que se interrumpe.
